| Escrito por CLAUDIO LOZANO - TOMAS RAFFO,
on 12-05-2011 02:11
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Publicado el : , Debates |
El Fifty-fifty: Otro falso debate
6 de mayo del 2011
SINTESIS
En el presente
material se puede constatar que:
§
El debate entorno al denominado fifty-fifty (50%
para los trabajadores y 50% para los empresarios) que se entablara entre el
Secretario General de la CGT
y la Presidenta
en el marco de la conmemoración del 1ero de Mayo, es falso en un triple
sentido.
§
Es un debate falso en términos conceptuales.
El patrón de acumulación vigente no se funda en la ampliación del salario y la
demanda interna como variables claves de su dinámica. Por el contrario, la valorización del capital se sostiene
en base a la demanda mundial y al consumo de los sectores más pudientes de la
sociedad. En ese marco, es virtualmente imposible que el devenir del
proceso de acumulación pueda producir por sí solo una distribución (el
fifty-fifty) que es ajena a la lógica de su valorización.
§
Más aún, ha sido la ampliación de la desigualdad y no su disminución la que permitió
abrir la fase de crecimiento acelerado
iniciado a mediados del 2002, así como fue
la ampliación de la desigualdad (y no su disminución) la que permitió salir del
proceso recesivo iniciado a finales del 2008.
§
No se puede pretender alcanzar el fifty-fifty en
el marco del actual patrón de acumulación sobre la base exclusiva de atender la
situación de los trabajadores
registrados (como puede ser el caso de los proyectos de participación de las ganancias en las
grandes firmas y eliminación del mínimo no imponible). Estos proyectos de por
sí aumentan la desigualdad (y no la
disminuyen) al interior de los sectores populares (en tanto se amplía la
distancia entre los asalariados registrados y el resto de los sectores
populares) y no tienen asegurado avanzar en una mayor participación dentro de
la economía, puesto que tienen que hacer frente a la resistencia empresaria (hoy expresada en el sostenido aumento de
precios) que no solo esteriliza estas mejoras sino que, como lo ocurrido
recientemente, puede ampliar la desigualdad.
§
Es un debate falso en términos
metodológicos. Al comparar los datos de la distribución actual con los
datos históricos (como por ejemplo el 50,8%
de 1954 del primer peronismo ó el 46,9% de 1973 previo al Golpe Militar) se
está desconociendo que estas dos series estadísticas no son directamente
comparables. Las diferencias relativas a la medición del PBI (a costo de
factores vs a precios básicos) y las
vinculadas con la economía informal son suficientes para que el propio
organismo público encargado de la confección de ambas series aclarara que no se pueden comparar ambas series.
§
Es un debate falso en términos empíricos: El
48,1% de participación de los trabajadores en el PBI no está avalado por ningún
informe estadístico del INDEC. El último dato oficial, del INDEC intervenido,
es del 43,6% perteneciente al año 2008.
§
Si el 48,1% fuera cierto para el año 2009,
resulta que en plena crisis mundial y en el marco de una incipiente recesión
interna (que hizo que se financiara con
aportes de trabajadores y jubilados el nivel de actividad de las principales
firmas –ejemplo, REPRO-), los trabajadores habrían alcanzado el mayor
porcentaje de participación de toda la serie actual (que arranca en 1993) e
incluso superarían (en la visión oficial), la participación que se evidenciaba
en 1973 (del 46,9%) previo al Golpe
Genocida y en el marco de una Argentina
industrial, de pleno empleo y asalarización formal extendida.
§
Si en cambio, el 48,1% correspondiese al año
2010, entonces resulta que el salario
promedio de la economía debería ser de $4.524 en lugar de los $2.083 que
informa el INDEC; o bien que manteniendo el salario promedio existiese casi
26 millones de ocupados en lugar de
los 12 millones actuales (con lo que
no solo no tendríamos ni un desempleado, sino que en lugar de un boom turístico
tendríamos un boom de trabajadores extranjeros en nuestro país).
§
El último dato confiable sobre la distribución funcional del
ingreso es del año 2006 (obviamente previo a
la burda manipulación de las estadísticas públicas). En aquel momento la participación de los asalariados era del
41,5% que suponía un aumento significativo en comparación con la caída del 34,6% del 2002, pero que aún estaba por debajo del 2001 (42,1%) y
lejos del momento inicial de la serie (el 44,7% de 1993).
§
No obstante lo anterior, si se compara cada año
de la distribución funcional con el momento inicial de la serie (1993) se
constata que, en todos los 15 años que tiene la serie (incluido el 2007 y el
2008) se observa que la participación, tanto de los asalariados como del
ingreso mixto (cuenta propistas y pequeños patrones) es menor que al del
momento inicial, mientas que la participación de las ganancias empresarias es
mayor. Es decir, en estos 15 años,
más allá de si estamos en la
Convertibilidad o en la Post-Convertibilidad,
y más allá de los momentos de crecimiento ó caída del nivel de actividad, lo
que ha sido una constante del funcionamiento económico es un persistente
proceso de transferencia regresiva del ingreso (de los trabajadores y
cuentapropistas hacia los empresarios).
§
En los 8 años de la Convertibilidad
los trabajadores transfirieron un 40,2% de los ingresos que tenían en 1993, los cuentapropistas
transfirieron un 36,7% y los empresarios se apropiaron de un 76,8% más de
ingresos.
§
En los 7 años de la post-Convertibilidad, los trabajadores
transfirieron un 41,4% de los ingresos que tenían en 1993, los cuentapropistas
transfirieron un 61,6% y los
empresarios se apropiaron de un 102,9% más de ingresos.
§
Desde antes que se conocieran los datos
oficiales, nuestro Instituto ha realizado una estimación alternativa a la
distribución funcional. Se trata de estimar la totalidad de la masa de ingresos que
apropian los sectores populares (tanto ocupados, como los jubilados, los planes
sociales, etc) y compararlo con el PBI. Al respecto, el último dato
elaborado para el 2010 indica que los
sectores populares tienen una masa de ingresos que representa el 27,6% del PBI,
se trata de un porcentaje similar al evidenciado en el 2006 (27,1%) y aún por debajo al
verificado para el 2001 (del 33,4%).
§
Nuestra serie es prácticamente similar a la
serie oficial para el período 2001 – 2006, siendo la diferencia importante en
el nivel de la participación, pero no en la tendencia de la misma. En efecto,
nuestra serie indica que los sectores
populares perdieron 11,3 puntos en el 2002 (la serie oficial indica que en
ese año se perdieron 10,3 puntos). Por otro lado, en la reactivación del 2003 al 2006 nuestra serie arroja una
mejora de casi 6 puntos respecto al 2002; mientras que la serie oficial
muestra una recuperación de 7 puntos. En ambos casos, el 2006 revela una participación menor a la del 2001 (en nuestra
serie de 5,5 puntos; y en la serie oficial de 3,3 puntos)
§
El dato novedoso de nuestra serie es que el 2010 muestra una participación equivalente
al 2006 (del 27 / 28%); es decir muestra un estancamiento de la distribución
funcional en estos 4 años. Más aún, se observa durante el 2007 y el 2009
una mejora en la participación de los sectores populares (que llega al 32% en
donde también incide la manipulación de los datos del INDEC que no se pueden
reelaborar), pero lo que es contundente es la caída en la participación de los
sectores populares durante el 2010 (en el momento en que la economía sale de la
recesión del 2009).
§
El aumento de la regresividad distributiva del
2010 también se observa al comparar los datos agregados de la actividad
productiva con el año 2007. En 4 años el nivel de actividad se expandió un 24,3%; el
nivel de ocupación sólo el 5,2% lo que supuso que aumentara la productividad
por ocupado en un 18,1% en el marco de una caída del poder adquisitivo promedio del
5,1%. Por ende, mayor productividad y menores pagos redundaron en un aumento del
margen bruto de explotación que se apropian los empresarios en un 24,5% en
términos reales.
§
Si se agrega los datos de la distribución
personal se observa que el 20% más rico se apropió del 47,5% de los ingresos
generados en estos 4 años (siendo el porcentaje más elevado el que alcanzara en el
2010, del 51,7); mientras que el 40% del
estrato medio se apropio del 39,3% de los ingresos generados (cuya menor
apropiación se dio en el 2010, del 35,9%) y el 40% perteneciente al estrato bajo sólo
apropió el 13,2% de los ingresos generados (en este caso el menor
porcentaje apropiado ocurrió durante la recesión del 2009, donde apropió apenas
el 12,4%; mientras que en el 2010 su participación se estanca).
§
El falso debate sobre el fifty-fifty oculta el papel orgánico que tiene la desigualdad
en funcionamiento económico de nuestra sociedad. Fue la desigualdad extrema
la que permitió relanzar el ciclo de acumulación en el 2002; es la desigualdad
la que produce el agotamiento de las condiciones que hacían posible el
crecimiento (la ausencia de inversión,
el consumo de altos ingresos y el límite
a la recomposición social); y es la
desigualdad la variable a la que se apela para mantener las rentas
extraordinarias de los agentes concentrados.
§
Discutir la desigualdad, y su combate frontal es
una tarea de primera importancia a la que nos debemos abocar aquellos que
queremos una Argentina más justa, haciendo caso omiso de los falsos debates que
una y otra vez nos plantean los defensores del status quo.
En el marco de
la conmemoración del 1ero de Mayo, un debate falso parece haberse instalado al
interior del oficialismo. Por un lado, el Secretario General de la Confederación General
del Trabajo (CGT) afirmó que “…vamos en camino del fifty-fifty del que nos
hablaba Perón” fijando el objetivo en el cual se inscriben las demandas de esa
organización (el proyecto de participación de las ganancias en las empresas y
la elevación del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias). Dos días
después, en ocasión de la inauguración de obras hospitalarias, la Presidenta de la Nación, pareció haberle
respondido cuando afirmó que “…los trabajadores participan en el 48,1%, casi
estamos llegando al fifty-fifty del PBI…”. Este debate es falso, puesto que,
por un lado, no es cierto que la actual dinámica que presenta el patrón de
acumulación en nuestro país permita gestar las condiciones para producir una
distribución equitativa entre el capital y el trabajo (situación ésta a la que
se pretende aludir con el remanido fifty-fifty) y menos que ello se logre con
medidas que se restrinjan exclusivamente al
universo acotado de la asalarización formal (como es el caso de la
participación en las ganancias y la eliminación del mínimo no imponible). Pero
también es falso, porque no es cierto que estemos próximos al 50% de
participación ó en los dichos de la Presidenta en el 48,1%; y menos que este dato
pueda compararse directamente con la experiencia histórica, toda vez que la
metodología del cálculo actual tiene importantes diferencias con la metodología
histórica. Resumiendo entonces, se trata de un falso debate en un triple sentido:
en términos conceptuales, en términos metodológicos y en términos empíricos.
a)
La falsedad
conceptual.
Esta alude a
la visión dominante en la gestión gubernamental de que el actual modelo
económico produce en su dinámica un proceso de redistribución progresiva del
ingreso que permite, más temprano o más tarde, alcanzar el ansiado fifty-fifty.
Sostener esta visión supone hacer abstracción del papel fundante que
casualmente tuvo la ampliación de la desigualdad (y no su disminución) como
condición de posibilidad del actual proceso de crecimiento económico. Dicho de
otro modo, para que la
Argentina volviera a crecer frente a la imposibilidad de
acceder al financiamiento externo que demandaba la Convertibilidad
fue necesario que la desigualdad se
extremara en niveles nunca antes visto como los que se vivió a mediados del
2002 (casi el 60% de la población por debajo de la pobreza y cerca de un cuarto
de la fuerza laboral desempleada). La desigualdad y su impacto brutal en
términos de caída salarial (cercana al
50%) fue la que asentó las bases para el posterior proceso de crecimiento. Difícilmente un proceso económico que
reconoce a la ampliación de la desigualdad como una de sus condiciones de
origen pueda producir en su dinámica las condiciones para su superación sin
entrar a su vez en un proceso de contradicción consigo mismo.
Casualmente esto es lo que ha ocurrido con la dinámica económica de los últimos
años. En efecto, como muestran los datos que exponemos más adelante, una vez
que el país descendió a los infiernos de la desigualdad del 2002, el crecimiento económico posterior permitió
reducir la desigualdad respecto al 2002 pero nunca pudo llegar siquiera a los
niveles que se tenía en el 2001. Más aún, el proceso de mejora en la distribución del ingreso que se evidencia a
partir del 2003 se interrumpe en el 2007 ante la emergencia del proceso
inflacionario como un signo del cambio en la etapa económica. Así, desde el
punto de vista de la distribución del ingreso, en los últimos 4 años esta se ha mantenido a lo sumo estancada
puesto que ha sido casualmente el estancamiento lo que se ha evidenciado tanto
en materia de creación de empleo como de mejora real en el poder adquisitivo de
los trabajadores (ya que los aumentos salariales lograron como mucho mantener
el poder adquisitivo en un contexto donde los
precios minoristas crecieron a tasas cercanas al 25% anual y los alimentos al
35%). Y decimos que a lo sumo se ha estancado, porque en el marco del
mantenimiento de las condiciones laborales (estancamiento del empleo y de los
ingresos) hemos vivido un proceso de
expansión del nivel de actividad cercano al 25% desde el 2007. Por ende, en rigor lo que hemos tenido en
estos 4 últimos años es un aumento de la desigualdad que ha permitido
nuevamente sostener el crecimiento económico en el marco del cambio en etapa
económica. Nuevamente, la desigualdad opera como garante de este
proceso de crecimiento, ó del modelo económico, como les gusta llamar a los
defensores de la gestión gubernamental.
Porque sucede
así? Por una sencilla razón: El motor
del patrón de acumulación local no es la demanda asalariada ni la ampliación
del mercado interno. No quiere decir lo anterior que la demanda asalariada
y el mercado interno no se haya ampliado, sino que lo han hecho subordinadas a
la expansión de las variables que son relevantes para este tipo de modelo
económico. Estas variables relevantes, lo hemos dicho una y otra vez, son
evidentes para cualquiera que tenga la decisión de no ponerse anteojeras
conceptuales: Es la
demanda mundial, expresada en el precio de las materias primas (soja, petróleo,
commoditties industriales) y el consumo de altos ingresos (expresados en el
boom automotriz y de la construcción residencial de los sectores más pudientes) los que determinan el ritmo y la
ampliación del conjunto de la economía (entre ellos de la demanda asalariada y
el mercado interno). Cuando estas variables se resienten o presentan un menor
impacto (dado por su propia dinámica –crisis internacional- o por modificación
en el entorno en el que operan –como sucede con la economía argentina desde el
2007-) es la desigualdad la que se erige como el último resorte que permite
mantener, o por lo menos atenuar –no sin contradicción-, el proceso de
acumulación.
Desde esta
óptica toda medida que no busque alterar esta lógica produce (con independencia
de la voluntad de quienes la proponen) una convalidación y es solidaria con la
reproducción y ampliación del actual esquema económico. Por ende, los
proyectos, importantes y significativos por cierto, de participación de los
trabajadores en las ganancias así como de eliminación del mínimo no imponible
(para que los trabajadores no paguen ganancias) inscriptos en el actual esquema
económico, beneficia en primer lugar a los trabajadores registrados de las
principales firmas (en tantos son éstas las que pueden distribuir ganancias y
son sus trabajadores los que pagan ganancias en tanto son los asalariados
mejores pagos). Ahora bien, estas mejoras para los trabajadores formales, que no superan el 45% de la fuerza laboral,
amplía la desigualdad (y no la disminuye) al interior del mundo laboral (en
tanto la distancia de ingreso con el
resto de los trabajadores cuenta propistas, no registrados y desocupados se
amplía y no se disminuye). Es cierto que también pueden tener la virtud de
mejorar la participación de los trabajadores y pretender avanzar en el
fifty-fifty sobre la base de la mejora de los asalariados mejores pagos (y por
ende nuevamente ubica a la desigualdad como una condición de posibilidad para mejorar
la situación de los registrados) pero a condición de que este avance parcial y
desigual no tenga una respuesta disciplinadora por parte de los sectores
dominantes que por la vía del poder de mercado de sus principales firmas supongan, mediante el sostenimiento del ritmo
inflacionario, en una mayor desigualdad que deteriore al conjunto de los
trabajadores con especial incidencia en los sectores más postergados. Una
ingenuidad muy grande por parte de algunos representantes de los trabajadores
que sale demasiado caro para aquellos a quienes dicen representar.
b)
La falsedad
metodológica.
No es la
primera vez que la
Presidenta incurre en el error de comparar el dato actual de la Cuenta de Generación del
Ingreso con los datos históricos de la serie de Distribución Funcional
discontinuada a partir de 1974. Ya lo había hecho en el 2009 cuando se dió a
conocer el último dato de la metodología actual (correspondiente al año 2008) y
tampoco ha sido la única. El ex Presidente, Néstor Kirchner, reiteraba este error
desde el momento mismo en que se dieron a conocer los resultados de la citada
Cuenta de Generación del Ingreso (es decir desde el 2006). Error que también es
compartido por periodistas “especializados” en temas económicos.
Una vez más
queremos señalar de que no es posible comparar los datos actuales de las
distribución funcional del ingreso con los datos históricos (los dos más usados
suelen ser el 50,8% de participación de 1954 y el 46,9% de 1973, él último dato
de la serie histórica). Se trata de una comparación
intencionadamente falsa. Al hacerlo se están comparando datos de series
estadísticas que no comparten los mismos criterios metodológicos. En efecto se
trata de la serie de la Cuenta
de Generación de Ingreso que toma como punto de partida inicial el año 1993, y
la vieja serie de Distribución Funcional que medía este indiciador desde 1950 y
que se dejara de publicar a partir de 1974. El propio organismo estatal
responsable de la producción de ambas series (La Dirección Nacional
de Cuentas Nacionales) aclara en sus
informes de presentación de la serie que arranca en 1993, que los resultados de
la misma no son comparables con la vieja serie histórica. Esto
es así por dos razones:
a)
La diferencia de la valuación del valor agregado.
Mientras en la metodología histórica se realiza a costo de factores en la
actualidad se utiliza a precios básicos. La diferencia es
que la vieja metodología solo descontaba
al PBI los “impuestos sobre los productos” (principalmente IVA e
importaciones), mientras que en la actual metodología descuentas estos
impuestos y el denominado ítem “otros impuestos sobre los productos” (que
incluye los específicos, los ingresos brutos, las retenciones a las
exportaciones, etc). La diferencia no es menor, este segundo ítem que no se
tenía en cuenta en la serie histórica, tuvo un crecimiento notable de su
participación a partir de la etapa post – convertibilidad. En efecto en promedio de 1993 a 2001 el rubro “otros impuestos sobre los
productos” representó el 55% del rubro “impuestos sobre los productos”,
mientras que a partir del 2002 representa en promedio el 110% del mismo.
b)
La inclusión
de la economía informal en las mediciones del valor agregado actual, mientras
que en la medición histórica no estaba suficientemente contemplado. Es decir
que si se tomara el trabajo no registrado en la medición histórica dicha
participación sería aún mayor de la que fue; o si se la descontara de la medición actual, la participación de los
asalariados sería menor a la que se ha publicado.
Queda claro
que no se puede comparar los resultados de estas dos series estadísticas. Lo
que sí es válido es comparar los resultados al interior de cada serie, cuestión
que haremos en la sección siguiente.
c)
La falsedad
de los datos empíricos.
En primer
lugar queremos señalar que lo único de oficial que tiene el 48,1% de
participación de los trabajadores en el PBI es el haber sido enunciada por la Presidenta de la Nación. No hay ningún
informe estadístico, aún del propio INDEC, que avale esta afirmación. Los datos
oficiales del INDEC de la
Cuenta de Generación del Ingreso llegan hasta el 2008, año en
el que la participación de los trabajadores alcanza el 43,6%. Por ende, el
48,1% anunciado por la
Presidenta no se corrobora con los datos estadísticos
disponibles del INDEC, así como tampoco sabemos a que momento del tiempo se
refiere (si al 2009, 2010 ó al 2011?).
Como de lo que
se trata no es de ponderar un dato aislado sino de tener una comprensión sobre
la dinámica del proceso de crecimiento y distribución del ingreso, presentamos
la serie completa de la Cuenta
de Generación del Ingreso elaborada por el INDEC, que iniciada en 1993 llega
hasta el 2008. Ver cuadro Nro 1.
Cuadro Nro 1:
Distribución Funcional del Ingreso. Cuenta de Generación del Ingreso. 1993 –
2008.
|
Año
|
VAB a precios corrientes básicos
|
Participación de la RTA en el VABpb
|
Participación del IMB en el VABpb
|
Participación del EEB en el VABpb
|
|
1993
|
100,0
|
44,7
|
21,6
|
33,7
|
|
1994
|
100,0
|
41,2
|
19,6
|
39,2
|
|
1995
|
100,0
|
40,0
|
18,2
|
41,8
|
|
1996
|
100,0
|
37,5
|
16,8
|
45,6
|
|
1997
|
100,0
|
37,1
|
16,1
|
46,7
|
|
1998
|
100,0
|
38,3
|
16,2
|
45,5
|
|
1999
|
100,0
|
40,7
|
16,6
|
42,7
|
|
2000
|
100,0
|
40,5
|
16,4
|
43,1
|
|
2001
|
100,0
|
42,1
|
16,2
|
41,8
|
|
2002
|
100,0
|
34,6
|
13,4
|
51,9
|
|
2003
|
100,0
|
34,3
|
13,5
|
52,3
|
|
2004
|
100,0
|
36,1
|
13,8
|
50,1
|
|
2005
|
100,0
|
38,5
|
13,9
|
47,5
|
|
2006
|
100,0
|
41,5
|
13,5
|
45,1
|
|
2007
|
100,0
|
42,9
|
11,2
|
45,9
|
|
2008
|
100,0
|
43,6
|
10,3
|
46,0
|
VAB = Valor Agregado a Precios Básicos
RTA= Remuneración al Trabajo Asalariado
IMB = Ingreso Mixto Bruto
EEB= Excedente Bruto de Explotación
Fuente: Dirección Nacional de Cuentas Nacionales del
INDEC
No se puede
analizar el cuadro anterior sin considerar los efectos de manipulación que
sobre el conjunto de las estadísticas oficiales (y entre ellas en primer lugar
las vinculadas con la comprensión de la situación social, es decir precios,
pobreza, indigencia, mercado laboral y por supuesto distribución del ingreso)
ha producido la intervención gubernamental sobre el INDEC. Por ello, conviene
analizar por separado los datos elaborados previo a la citada intervención (es
decir hasta el año 2006 inclusive) con los elaborados a posterioridad. Al
respecto hasta el 2006 la participación de los asalariados todavía estaba por
debajo del 2001 y muy alejada del punto inicial de la serie 1993. En
efecto en el 2006 la participación de
los asalariados alcanzó el 41,5% mientras que en el 2001 era del 42,1% y en
1993 era de 44,7%. Intervención mediante, en el 2007 la participación
de los trabajadores llega al 42,9% (superado levemente a la del 2001) y la del
2008 llega al 43,6% (siendo este el segundo dato más alto de toda la serie,
solo superado por el momento inicial de la medición en 1993). De confirmarse el
48,1% anunciado por la
Presidenta, estaríamos en el dato más alto alcanzado por toda
la serie, y si este dato correspondiese al año posterior al último publicado,
es decir si fuera el dato del 2009 (que es el primero que falta anunciar)
resultaría que en plena crisis mundial, con recesión en el nivel de actividad
que ameritó usar fondos de los trabajadores y los jubilados para sostener el
nivel de actividad interna de las empresas (caso REPRO financiado con recursos del ANSES, entre otros), la
participación asalariada habría alcanzado un récord histórico, incluso
superior, en el relato oficial al momento previo a la dictadura, ya que la
serie histórica ubica en 46,9% su último dato en 1973. De ser así, entonces, en
plena crisis mundial y local, los trabajadores habrían tenido una participación
superior a la que tuvieron en la
Argentina industrial, de pleno empleo y asalarización formal
extendida que regía previo a la Dictadura Genocida del `76. Si por caso, la
participación del 48,1% correspondiese al 2010 la misma supondría que el
salario promedio de la economía debería ser de $4.524 en lugar de los actuales
$2.083 que releva la
Encuesta Permanente de Hogares del INDEC (ver cuadro Nro 2),
o bien deberíamos tener 25.730.681 ocupados en lugar de los actuales 11.844.454
ocupados, lo que equivaldría a afirmar que no solo estaríamos en una sociedad
sin desempleo sino que estaríamos importando trabajadores del exterior (ver
cuadro Nro 3). Se trata obviamente de
dos absurdos que revela la burda manipulación estadística de los indicadores
sociales que realiza el aparato estatal, sea mediante el INDEC, sea mediante
los dichos de la máxima autoridad pública de nuestro país.
Cuadro N º 2: Salario promedio del conjunto de
asalariados necesario para alcanzar una
participación de la masa salarial (en su componente específico de Remuneración
al Trabajo Asalariado) del 48,1%. Año 2010.
|
Variables
|
Montos
|
|
PBI a precios básicos (en millones
de pesos)
|
$ 1.336.820
|
|
Remuneración al Trabajo Asalariado
estimada por el Poder Ejecutivo Nacional (equivalente al 48,1% del PBI) (en
millones de pesos)
|
$ 643.011
|
|
Asalariados totales (quienes
perciben el RTA)
|
11.844.454
|
|
Salario anual supuesto
|
$ 54.288
|
|
Salario mensual supuesto por el
PEN
|
$ 4.524
|
|
Salario medio según EPH (al 2do
trim 2010)
|
$ 2.083
|
|
Incremento necesario para que los
asalariados lleguen al 48,1% del PBI
|
117,2%
|
Fuente: Elaboración propia en base a datos INDEC.
Cuadro N º 3: Cantidad de puestos de trabajos
asalariados que se crearían si, con la media salarial vigente, se destinara el
48,1% del PBI a los trabajadores. Año 2010.
|
Variables
|
Montos
|
|
PBI a precios básicos (en millones de pesos)
|
$ 1.336.820
|
|
Remuneración al Trabajo Asalariado
estimada por el Poder Ejecutivo Nacional (equivalente al 48,1% del PBI) (en
millones de pesos)
|
$ 643.011
|
|
Salario medio según EPH (al 2do
trim 2010)
|
$ 2.083
|
|
Salario medio anual según EPH (al
2do trim 2010)
|
$ 24.990
|
|
Cantidad de puestos de trabajo
asalariados que habría con el salario medio vigente y una participación del
48,1% : RTA (del 48,1%) / salario medio vigente (2do trim 2010)
|
25.730.681
|
|
Cantidad de asalariados totales al
2do trim 2010
|
11.844.454
|
|
Puestos de trabajos asalariados
nuevos que se crearían
|
13.886.227
|
Fuente: Elaboración propia en base a datos INDEC.
Más allá de los desvaríos que suponen independizar la
palabra de la realidad, lo cierto es que resulta mucho más interesante
matizar la mejora cierta de la distribución del ingreso ocurrido desde el 2003
y hasta el 2006 con una reelaboración de los propios datos oficiales. Al
respecto, en el cuadro Nro 4, presentamos para cada año a partir de 1994 la
diferencia de la participación de cada componente (asalariados, cuentapropistas
y empresarios) respecto a la participación que cada uno de ellos tenía al
momento inicial de la serie (es decir comparándolo con la participación de
1993). Al respecto obsérvese del Cuadro Nro 4, como en todos los años con
posterioridad a 1993, la participación de los asalariados revela una
disminución respecto a 1993. Lo
mismo sucede con los cuentapropistas (agrupados en el ingreso mixto) y lo
inverso sucede con los empresarios (agrupados en el Excedente Bruto de
Explotación). La vinculación entre la caída de la participación de los
asalariados y los cuenta propistas con el aumento en la participación de los
empresarios no es casual sino que refleja el proceso de transferencia de ingresos regresivo (en detrimento de los
asalariados y cuenta propistas y en favor de los empresarios) que de manera
sistemática caracteriza el funcionamiento económico vigente (tanto durante la Convertibilidad
como en el “Modelo Actual”).
Cuadro Nro 4:
Transferencia de Ingresos por Categoría. Base 100= 1993. 1994 – 2008.
|
Año
|
Participación de la RTA en el VABpb
|
Participación del IMB en el VABpb
(1)
|
Participación del EEB en el VABpb
(1)
|
|
1994
|
-3,5
|
-2,0
|
5,5
|
|
1995
|
-4,7
|
-3,4
|
8,1
|
|
1996
|
-7,2
|
-4,8
|
11,9
|
|
1997
|
-7,6
|
-5,5
|
13,0
|
|
1998
|
-6,4
|
-5,4
|
11,8
|
|
1999
|
-4,0
|
-5,0
|
9,0
|
|
2000
|
-4,2
|
-5,2
|
9,4
|
|
2001
|
-2,6
|
-5,4
|
8,1
|
|
2002
|
-10,1
|
-8,2
|
18,2
|
|
2003
|
-10,4
|
-8,1
|
18,6
|
|
2004
|
-8,6
|
-7,8
|
16,4
|
|
2005
|
-6,2
|
-7,7
|
13,8
|
|
2006
|
-3,2
|
-8,1
|
11,4
|
|
2007
|
-1,8
|
-10,4
|
12,2
|
|
2008
|
-1,1
|
-11,3
|
12,3
|
Fuente: Dirección Nacional de Cuentas Nacionales del
INDEC
Ahora bien,
conociendo la persistencia del proceso regresivo en materia de distribución del
ingreso, de lo que se trata es de ponderar el grado de regresividad de la etapa
actual con la vivida en el período Convertible, toda vez que una de las
remanidas argumentaciones ideológicas que sostienen los acríticos del status
quo actual se sostiene en el mayor grado de inclusión de la actual etapa
económica. Al respecto, en el Cuadro Nro 5, sobre la base de los mismos datos
oficiales del Cuadro Nro 1 y 4;
presentamos el porcentaje de transferencia de ingresos de cada categoría en
cada etapa económica.
Cuadro Nro 5:
Transferencia de Ingresos por Categoría. Base 100= 1993. Períodos seleccionados.
|
Períodos
|
Participación de la RTA en el VABpb
|
Participación del IMB en el VABpb
(1)
|
Participación del EEB en el VABpb
(1)
|
|
1994 - 2001
|
Total (8 años)
|
-40,2
|
-36,7
|
76,8
|
|
Promedio anual
|
-5,0
|
-4,6
|
9,6
|
|
2002- 2008
|
Total (7 años)
|
-41,4
|
-61,6
|
102,9
|
|
Promedio anual
|
-5,9
|
-8,8
|
14,7
|
|
2002 - 2006
|
Total (5años)
|
-38,5
|
-39,9
|
78,4
|
|
Promedio anual
|
-7,7
|
-8,0
|
15,7
|
Fuente: Dirección Nacional de Cuentas Nacionales del
INDEC
Como se observa, durante la Convertibilidad,
en los 8 años que van de 1994 al 2001 los asalariados acumularon una pérdida
equivalente al 40,2% de la participación que detentaban en 1993; mientras
que los cuenta propistas lo hicieron en una magnitud prácticamente similar (36,7% de
transferencia. Este proceso de regresividad en la distribución del ingreso
permitió que los empresarios capturaran
un 76,8% de mayores ingresos a los que tenían en 1993. Puesto en términos
de promedios anuales, la dinámica expuesta, supuso que durante la
Convertibilidad los asalariados transferían anualmente el 5%
de los ingresos que obtenían en 1993; los cuenta propistas transferían el 4,6%
anual y los empresarios se beneficiaban con una apropiación anual del 9,6%.
Para el caso
del período post- Convertibilidad,
en los 7 años
que va del 2002 al 2008 (y nótese que estamos tomando los datos
sospechados de manipulación del 2007 y del 2008, lo que supone una subestimación
de la regresividad), los asalariados han transferido una magnitud superior a la
que han transferido durante los 8 años de la Convertibilidad. En efecto en 7 años han transferido a
los empresarios 41,4% de la participación que detentaban en 1993
(cuando en la
Convertibilidad, en 8
años transfirieron 40,2%). Para el caso de los cuenta propista la transferencia
regresiva de la etapa actual es casi del doble respecto de la Convertibilidad
(61,6% han transferido del 2002 al 2008 frente al 36,7% de transferencias de
1994 al 2001). Como resultado de la mayor regresividad que manifiesta la post
–Convertibilidad los empresarios han expandido la apropiación en la
distribución del ingreso en un 102,9% en 7 años (respecto a la expansión del
76,8% de los 8 años de la
Convertibilidad). En términos de promedios anuales,
también aquí se observa la mayor regresividad distributiva de la etapa actual. Así, mientras los
asalariados transfieren 5,9% anual de los ingresos que deberían obtener si la
distribución fuera equivalente a la de 1993; en la Convertibilidad
esta transferencia era menor (5%). Del mismo modo, la transferencia
de ingresos de los cuentapropistas de la etapa actual ha sido en promedio del
8,8% anual de su participación en 1993 (contra el 4,6% de pérdida anual del
período Convertible). La contracara obvia de esta regresividad es la mayor
apropiación de ingresos de los empresarios a una tasa promedio anual del 14,7%
(superior al 9,6% de la
Convertibilidad.
Por último, si
descontamos los años 2007 y 2008 (contaminados por la manipulación de la
gestión en el INDEC), y trabajamos con el período 2002 – 2006 se observa la
mayor intensidad en la regresividad distributiva de la etapa actual respecto a la Convertibilidad. En efecto, mientras en la Convertibilidad
los asalariados transferían anualmente el equivalente al 5% de los ingresos que
deberían recibir si se hubiera mantenido sin cambios la distribución, en la
post – Convertibilidad transfirieron el 7,7% anual. Por su parte, los
cuentapropistas que transferían anualmente el 4,6% en aquel momento, mientras
que en la etapa actual transfieren el 8%. Por último, los empresarios que
apropiaban un 9,6% más de ingresos por año, en la actualidad apropian un 15,7%
más por año.
Más allá de
los datos oficiales, y como resultado de la ausencia de los mismos hasta el año
2006, así como la manipulación de los datos desde el 2007, desde nuestro Instituto hemos elaborado un indicador
que intenta aproximarse al concepto de distribución funcional. Se trata
de medir la participación de la masa de ingresos de los sectores populares en
el PBI. Dentro de la masa de
ingresos de los sectores populares involucramos
la masa salarial (tanto registrada como no registrada), el ingreso de los
trabajadores por cuenta propia, los planes sociales (desde el Plan Jefas y
Jefes de Hogar del 2002 hasta la Asignación Universal
por Hijo del 2009, el Ingreso Social con Trabajo, etc), la masa de jubilaciones
y pensiones, y los aportes que hacían los trabajadores a las AFJPs. Comparamos
esta masa con el PBI a precio de mercado, porque consideramos que los sectores
populares se enfrentan a los precios de los bienes con los impuestos incluidos
(el IVA, y todos los que se trasladan al precio del bien que consumen). Esta masa de
ingresos de los sectores populares representaba el 33,4% en el 2001, y en el
2010 representa el 27,6%. Nótese como la dinámica de este indicador
es prácticamente similar a la
Cuenta de Generación del Ingreso del INDEC para el período
2001 – 2006 (es decir antes de la intervención). En efecto, en el 2002 la participación de los sectores
populares cae 11,3 puntos respecto al 2001 (en la medición oficial la caída
de los trabajadores y el ingreso mixto es de 10,3 puntos) para luego
experimentar una fase de recuperación de la participación de casi 6 puntos (7
puntos en la serie oficial) ubicándose en
el 2006 en una participación cercana al 28% que todavía está lejos del 33,4%
del 2001 (en los datos de la serie oficial, la participación de los
trabajadores está a 0,6 puntos del 2001 y la del ingreso mixto está 2,7 puntos
por debajo). Los datos posteriores
cargan consigo aquellos aspectos que de la manipulación de las estadísticas no
hemos podido corregir (principalmente el vinculado con el volumen de empleo
y el nivel de ingresos de cada categoría, las que se han tomado como lo
presenta el INDEC). Lo único que hemos intentado corregir es la subestimación
del PBI a precios corrientes a que da lugar la subestimación del proceso
inflacionario. Con esta salvedad, es decir sobreestimando la participación de
los sectores populares, el período que arranca en el 2007 muestra una sostenido
aumento de la participación de los sectores populares, llegando a un punto
máximo en el 2009 (en plena crisis externa y recesión interna) pero con un
valor aún por debajo del 2001 (del 32,4%). Lo que sí se observa también es que
el crecimiento del 2010, luego de la recesión del 2009, se asienta sobre una
pauta de mayor desigualdad, toda vez que la participación de los sectores
populares cae al 27,6% (prácticamente te el mismo porcentaje del año 2006). Ver
cuadro Nº 6.
Cuadro Nº 6: Evolución de la distribución funcional del ingreso según masa salarial* y
masa de ingresos de los sectores populares. 2001 – 2010.
|
Años
|
Ocupados s/ Patrones*
|
PBI nominal **
|
% Masa Salarial
|
Masa de Ingresos de los sectores populares
|
% Masa de Ingresos Sectores Populares
|
|
Año 2001
|
66.216
|
252.063
|
26,3%
|
84.135
|
33,4%
|
|
Año 2002
|
59.700
|
340.249
|
17,5%
|
75.151
|
22,1%
|
|
Año 2003
|
76.873
|
399.270
|
19,3%
|
95.324
|
23,9%
|
|
Año 2004
|
92.035
|
471.464
|
19,5%
|
114.252
|
24,2%
|
|
Año 2005
|
114.844
|
574.351
|
20,0%
|
140.456
|
24,5%
|
|
Año 2006
|
162.505
|
703.286
|
23,1%
|
196.081
|
27,9%
|
|
Año 2007 *
|
215.707
|
935.337
|
23,1%
|
277.349
|
29,7%
|
|
Año 2008 *
|
277.241
|
1.190.410
|
23,3%
|
358.712
|
30,1%
|
|
Año 2009 *
|
330.865
|
1.310.254
|
25,3%
|
421.773
|
32,2%
|
|
Año 2010 (2do tri) *
|
369.621
|
1.754.075
|
21,1%
|
484.821
|
27,6%
|
*Incluye las
retribuciones de asalariados y cuenta propias.
** Estimación
propia en base a una pauta inflacionaria alternativa.
Fuente: Elaboración propia en base a datos de la EPH-INDEC, Boletín
Estadístico de la Seguridad Social
e IPC Buenos Aires City
El
estancamiento de la distribución del ingreso actual respecto al 2010 es
consistente con el proceso que se observa en el plano productivo. En efecto,
como muestra el cuadro Nro7, comparando la situación actual (4to trimestre 2010) con el momento previo
al cambio de la etapa económica (4to trimestre 2006) es decir involucrando
lo acontecido desde el 2007 en adelante, se observa que el nivel de actividad actual se ha expandido en un 24,3%; mientras que
los ocupados lo hicieron a una tasa sensiblemente menor (apenas del 5,2%). Por
ende, la productividad por ocupado se
amplió un 18,1% en términos reales. Por otra parte, los salarios nominales crecieron un 111,5% pero los precios minoristas
se expandieron un 122,9%, por lo que
en términos reales los salarios
se han contraído un 5,1% respecto al 2007. Por lo tanto, lo que se verificó en estos 4 años es una
ampliación del Excedente Bruto de Explotación del 24,5% en términos reales.
Lo que supone un aumento de la desigualdad,
tal como lo expresa el cuadro anterior.
Cuadro Nº 7:
Incremento del salario real y del margen bruto de explotación por sector. 2007
– 2010.
|
Variables
|
4to
tri 2006 vs 4to tri 2010
|
|
PBI
|
24,3%
|
|
Ocupados
|
5,2%
|
|
Productividad
|
18,1%
|
|
Salarios
|
111,5%
|
|
IPC*
|
122,9%
|
|
Salario real
|
-3,5%
|
|
Margen Bruto de Explotación
|
20,5%
|
*De acuerdo al
relevamiento de la Centro
de Estudios Buenos Aires City coordinado bajo la dirección de la desplazada ex
directora del IPC del INDEC
Fuente: Elaboración
propia en base a datos de INDEC.
Agregando al análisis de la
distribución funcional es interesante observar el proceso vivido por la
denominada distribución personal del
ingreso (que analiza la situación de ingresos de la población dividiéndola en
10 estratos sin diferenciar la categoría ocupacional en su interior). A
partir de la lectura de la distribución del ingreso generado total (no sólo en
concepto de salario) según estratos socio-económicos se verifica que durante
todo el período 2007-2010 la apropiación de la masa de ingresos por parte del
20% más rico es cercana al 47,5%; pero que en el año 2010, alcanzó el 51,7%. Se observa que la reactivación
del crecimiento del 2010 se tradujo en una ampliación de la regresividad
distributiva. Esta ampliación de la regresividad se sostiene a su vez
en un deterioro de la apropiación del
ingreso del estratto medio (que del 43,7% del 2009 cae al 35,9% en el 2010) y
un estancamiento del estrato bajo (en los paupérrimos 12,4% de apropiación). Ver
cuadro Nro 8
Cuadro N º 8: Distribución del
crecimiento anual de la masa de ingresos. 2007 – 2010.
|
Grupo decílico
|
2007
|
2008
|
2009
|
2010
|
Crecimiento 2007-2010
|
Apropiación 2007-2010
|
|
1
|
1,5%
|
1,4%
|
1,0%
|
1,2%
|
255.146
|
1,3%
|
|
2
|
3,5%
|
3,1%
|
2,6%
|
2,9%
|
603.264
|
3,0%
|
|
3
|
4,2%
|
3,9%
|
4,1%
|
3,4%
|
771.842
|
3,8%
|
|
4
|
5,0%
|
6,0%
|
4,6%
|
4,9%
|
1.030.120
|
5,1%
|
|
ESTRATO BAJO
|
14,2%
|
14,4%
|
12,4%
|
12,4%
|
2.660.372
|
13,2%
|
|
5
|
7,1%
|
7,4%
|
7,0%
|
5,8%
|
1.343.361
|
6,7%
|
|
6
|
8,0%
|
9,6%
|
9,6%
|
7,1%
|
1.691.365
|
8,4%
|
|
7
|
10,4%
|
11,1%
|
12,5%
|
9,3%
|
2.135.878
|
10,6%
|
|
8
|
13,1%
|
13,3%
|
14,6%
|
13,6%
|
2.749.051
|
13,6%
|
|
ESTRATO MEDIO
|
38,6%
|
41,4%
|
43,7%
|
35,9%
|
7.919.656
|
39,3%
|
|
9
|
16,6%
|
18,7%
|
17,3%
|
18,6%
|
3.630.478
|
18,0%
|
|
10
|
30,6%
|
25,6%
|
26,6%
|
33,1%
|
5.956.941
|
29,5%
|
|
ESTRATO ALTO
|
47,2%
|
44,2%
|
43,9%
|
51,7%
|
9.587.419
|
47,5%
|
|
Personas con Ingresos
|
100,0%
|
100,0%
|
100,0%
|
100,0%
|
20.167.447
|
100,0%
|
Fuente: Elaboración
propia en base a datos INDEC.
Al detenerse a analizar el
comportamiento interanual de cada uno de los estratos se observa que el estrato
medio sólo logró captar una
mayor porción del ingreso generado durante los años 2008 y 2009 (es decir en el
marco de la desaceleración del crecimiento y la recesión interna). Es
decir, logró ampliar su participación en el marco de la crisis y la reactivación es solidaria con una
pérdida de su apropiación. Por su
parte el estrato bajo sufre plenamente toda virulencia de la crisis del 2009 al
bajar su participación del paupérrimo 14,2% al 12,4%; y en este caso se observa
una neutralidad del crecimiento económico del 2010, en tanto no se modifica
la apropiación del ingreso para este estrato. A la inversa de estos estratos, los sectores
más pudientes disminuyeron su participación en el ingreso durante el
2008, presentan una leve caída en el 2009 y alcanzan un nivel récord en el 2010. Resumiendo puede apreciarse que la ampliación de la desigualdad está
presente durante toda la etapa abierta a partir del 2007. Durante los años 2008 y 2009 (de desaceleración y caída del
nivel de actividad) la regresividad aumenta de la mano de la caída en la
participación del 40% más pobre de la población. Por el contrario, durante el
despegue económico del 2010 la regresividad aumenta por vía de la pérdida de
participación del estrato medio y el estancamiento del estrato pobre, siendo el
obviamente favorecido el 20% de la población perteneciente al estrato alto.
De lo expuesto queda claro que la
desigualdad tiene un rol orgánico con el actual esquema económico, más allá del
falso debate que en términos discursivos pretenden hacernos creer aquellos
tributarios del actual rumbo económico. Es la desigualdad la clave que ha permitido la
salida de la
Convertibilidad y el posterior proceso de
crecimiento. Es la desigualdad la que produce los obstáculos a los que se
enfrenta el proceso de crecimiento (principalmente los vinculados con la
ausencia de inversión y el consumo de altos ingresos y el límite a la
posibilidad de sostener el proceso de recomposición social). Y es
la desigualdad la que se erige en una peligrosa resolución para los problemas
que presenta el proceso de acumulación (en tanto permite que los capitales busquen mantener sus rentas
extraordinarias sin inversión y a costa de la sociedad). Nótese de lo
expuesto, que no es sin conflicto social, y también de pérdida del consenso
gubernamental, que una estrategia basada en la desigualdad ofrece como modo de
procesar el debate sobre el futuro de nuestra sociedad. Más allá de los falsos
debates que, una y otra vez, nos plantean los representantes del status quo. 
EQUIPO DE TRABAJO
ANA RAMERI
AGUSTINA HAIMOVICH
MORA STRASCHNOY
COORDINACION
CLAUDIO LOZANO - TOMAS RAFFO
http://corrienteup.org/2011/05/el-fifty-fifty-otro-falso-debate/ Revisado el : 12-05-2011 02:21
|
|
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