| Escrito por Colectivo NPH,
on 23-10-2007 00:00
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72% de Abstención contra la Nueva Clase
y sus aprendices:
Elecciones para Centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA
“Las elecciones como farsa legitimadora del orden imperante (..) el estamento de los profesores
no va a inmolarse (..) no desbordarán los canales institucionalizados, no se
librarán del juego de figuritas intelectuales, no lucharán contra el deseo
interno de ser admirados; quieren ser votados, y en esto no se diferencian de
los por ellos denostados participantes de los reality shows. Las agrupaciones
estudiantiles se disputaron el botín. (..) Alejandro Kaufman no fue capaz de
explicar su decisión de presentarse a elecciones, que choca con su discurso
horizontalista, ni la de hacerlo apoyado por Schuster y la agrupación de
graduados Nexo, ligada al actual director de carrera Guillermo Mastrini. (..)
Los docentes y los graduados, con su voto, se encargarán de mostrar la
rebosante vigencia de esas relaciones de poder negadas discursivamente. (..)
Mención aparte para Daniel Feierstein, que a partir de críticas fundadas contra
la burocracia trotskista justificó su alianza con la nefasta y mafiosa
agrupación La Vallese, que pretende transformar (la derecha de la facultad, al
igual que PRO, habla de transformar) a la facultad en una proveedora de
servicios (¿de inteligencia?) y fue acusada de llevar matones enfierrados al
escrutinio. La acusación no es inverosímil. (..) los intereses mezquinos de partidos, docentes y graduados, fuerzas que se
complementan y potencian mutuamente. (..) nuestra experiencia nos indica, al menos hasta el momento de redactar estas líneas, que
la reacción ante la mezquindad de aparatos más o menos de derecha o más o menos
de izquierda, no ha de ser la apatía. Es menester buscar e indagar, de modo
horizontal y sin delegar a nadie lo que nos corresponde, formas de
participación que permitan avanzar en la construcción de ese sujeto
transformador, evitando de este modo dejar vía libre al accionar de castas y
cúpulas, tal como hasta ahora nuestra inacción ha venido posibilitando”.
Red de Estudiantes de Sociales, 16/10/07.
0.1_ La Nueva Clase Cultural y
el rechazo electoral de la multitud estudiantil:
“Sea
con dinero o no, siempre se paga un favor, y si veo que algo es fácil yo dudo
enseguida. Pague antes o después, la cuenta va a aparecer, y está claro de que
nada es gratis en la vida”.
El Cuarteto de Nos, Raro, nada es
gratis en la vida, 2006.
La
Nueva Clase cultural (NCC) posee la misma densidad sustitucionista que la Nueva
Clase política. La Nueva Clase académica gobierna con dispositivos elitistas y
pre-ciudadanistas, por consiguiente, pre-
burgueses.
No es que sean leninistas en su centralismo burocrático como la Nueva Clase de
los ex-países socialistas de Europa; tan bien descripta por el partisano,
político, escritor, miembro del Politburó del Partido
Comunista y vicepresidente de Yugoslavia, Milovan Djilas,
en su libro, La Nueva Clase. Texto,
que le valió perder todos sus cargos, la expulsión
del partido y la prisión por criticar a la burocracia socialista.
Nunca habría que olvidar que, La Nueva
Clase de Djilas, es uno de los libros que llevó el “Che” a su lucha
revolucionaria en Bolivia. En el
Che, siempre estuvo presente la tirantez entre hombre revolucionario y hombre
de estado, poder constituyente y poder constituido, revolución social y
revolución permanente. Ernesto Guevara, resulta la encarnación de estas
tensiones, que hasta el día de hoy, han sido irresolubles para todas las
revoluciones. Pero para las y los integrantes de la
NCC, para ellos y ellas, esta dimensión
del dominio político resulta todavía algo fantasioso, insondable, plebeyo. Por
el contrario, siguen actuando como premodernistas en plena posmodernidad.
La derecha progresista y los
progresistas de derecha, todos Pro-gres, son la continuidad del
menemismo y los radicales pero con otro discurso. Ególatras, animales del poder
constituido, intriguistas y prestigistas.
También los hay engañosamente
viles, hablando de horizontalidad por izquierda, pero
ganando poder con los métodos de la derecha. Puro simbolismo antikapitalista,
meros simuladores del cambio. El contenido de sus prácticas, sus conductas y
sus fines, niegan todo lo que predican.
Salario y beneficio tiene muchas
caras en la universidad. Por ejemplo: La New Class Cultural actúa como
financiadores de publicaciones “autonomistas” a cambio de pleitesía. Plata por
poder, ¿En qué se diferencia esto al Capital-Parlamentarismo? En nada.
La
habilitación de una red de contactos económicos, el acceso a las prebendas, el
trampolín hacia la mass media, los concursos amañados, todos los
favores del sistema estatal, operan como el salario, como la compraventa de la
fuerza de trabajo cognitiva. Mientras que, a cambio, de este intercambio, se
produce la transferencia de un plus-de-poder que recibe la Nueva Clase Cultural
como su beneficio. Este plus de poder, es la plusvalía que acumula la NCC para
reproducirse como clase. El plus de poder, como un plus de trabajo del
cognitariado, es la ganancia más importante que persigue la Nueva Clase. La
acumulación de ese plus-poder, es la Vía
Regia, la autopista, a la condición de managers capitalistas del conocimiento. Perseguir la acumulación del plus poder, es el
primer y último fin de la Classe eletta;
después que pagó como salario todos los favores y fue votada por el estudiante
cliente, mercancía del consumo electoral, y garante de la perpetuación de la
Nueva Clase Cultural como reproducción ampliada del capitalismo político bajo
la forma Capital-Académica.
Salario + beneficio = Capital.
Favores + plus-de-poder=Nueva Clase, el vínculo social capitalista en la
universidad.
La Classe selecta, es la encarnación, del
poder político mercantil en la universidad. Una NC rodeada de una corte de
ex-setentistas y de nuevos criados. Viejos y jóvenes, unos preocupados por que nada
cambie, otros preocupados en acomodarse.
Para los más jóvenes el carrerismo,
inherente a toda institución del capital, es la mejor pócima para sofocar
conciencias críticas. La carrera por la beca de investigación, el contrato en
los institutos universitarios, el nombramiento “salvador” en el CONICET
(Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), les hace olvidar
rápidamente los pecados de juventud. Ni bien escalaron, la horizontalidad y el
anticapitalismo quedan en los buenos recuerdos para ser contados a los nietos.
Para los residuos de conciencia, que les queda a los nóveles pichones de la
Nueva Clase, siempre estará el Prozac,
la tibieza del cenáculo de los elegidos que le brindará espíritu corporativo,
el narcisismo de poder firmar con nombre propio, el cobijo de un lugar bajo el
sol del poder, y una hipócrita retórica comunista, como mero encubrimiento de
su condición real de sirvientes del capital.
La NCC, los intelectuales
académicos, rehúsan la lucha de clases al descubierto en su seno. Quieren impermeabilizarse contra el conflicto Capital-Trabajo. En sus
instituciones, se blindan, contra los y las antagonistas. Se sienten libres
para señalar con el dedo acusador cualquier cosa que pase en la sociedad,
siempre y cuando que, no le toquen su coto de caza Capital-Académico.
Conspicuos dirigentes de la
izquierda partidaria cobrando 10.000 y 15.000 pesos
mensuales, mientras media universidad se sostiene con el trabajo gratuito del
50% de los docentes. Para ellos, el “comunismo” del capital es bárbaro, siempre
y cuando sea sobre las neuronas del cognitariado de la gratuidad. Siempre es
más fácil ser Engels, sobre el Inmaterialado de miles de anónimos Marx.
El sistema de partidos, los
docentes y graduados, persiguen intereses de clase
contrapuestos, únicamente, de la puerta de la academia para afuera. Adentro,
todos integran, o aspiran a integrar, la Nueva Clase Cultural. Que los
estudiantes se nieguen a votarlos es un buen síntoma de su ilegitimidad, de su
irrepresentatividad, de su miserable condición humana, por más que se conmuevan
con Heidegger, invoquen a Platón, se reconforten con Harent y palpiten con
Trotsky.
Luego del 19 y 20 de Diciembre de
2001, la Nueva Clase, no sólo no movió un dedo, -eso sería mucho
pedir a los intelectuales de salón-, sino que, ni siquiera agitó una sola
neurona para alumbrar una nueva sociedad. Cuando no hizo todo lo contrario, es
decir, operar para cerrar las fisuras abiertas en la Matrix. Después, los burócratas más lúcidos, por izquierda,
abrieron algunos canales de diálogo, solo con el fin, de cooptar la radicalidad
desplegada.
Muchos de los jóvenes
intelectuales que integraban el ámbito universitario y
salieron del él, para relacionar su conocimiento con el saber
extrainstitucional piquetero, volvieron con el caballo cansado, y ahora, viven
de la UBA y sus colaterales. Por cierto, a cambio, de un escandaloso silencio
en el presente. ¿Qué pasó?, ¿Acaso se acabó el genocidio en democracia? O será
que, parafraseando a ese filósofo precursor de los reality shows, Jacobo Winograd: “Billetera mata militante”.
Y lo que es peor,
algunos militantes de las prácticas de la autonomía piquetera, ahora, entraron
a la universidad como empleados de la academia. Por su puesto, que, ¡Nada es
gratis bajo el capitalismo! El precio que pagaron es terminar fortaleciendo,
desde adentro, la misma institución que combatían desde afuera. Para ellas y
ellos: ¿Era eso la autonomía? ¿Golpear para negociar? ¿Un neovandorismo
autónomo? Claro, el acomodo se re-compensa, y el precio, es el fortalecimiento
de la privatización del poder del conocimiento por parte del sistema académico,
por más que se haga, desde una institución estatal.
Y acá no vale esto de que para
sobrevivir, los que carecen de capital, tienen que reproducir como trabajadores
la sociedad de la mercancía, y punto. Todos vivimos
bajo la ley del valor, todos estamos subsumidos en la esquizofrenia mercantil.
El tema es, ¿Qué hacer? con la esquizofrenia social. Alienarse y enajenarse, o
hacerse concientes y libres. Entrar en crisis, por consiguiente, entrar los
sujetos de la multitud en crisis, ser la crisis del capital, la crisis del
trabajo que termine con el desdoblamiento del ser entre valores para el uso y
valores para el cambio, entre el uso sin valor dinerario o el uso dinerario del
valor; usos y valores que, cada uno y una, produce y distribuye como riqueza
común en toda la trama social; o, por el contrario, resignarse convenientemente
cuando uno y una se acomoda, apropiándose de una cuota parte del valor de la
plusvalía relativa, del conocimiento común, gestionado por la academia.
Ser esclavos sociales no significa
ser mudos cómplices políticos. Toda la historia
de la clase obrera, es una larga lucha, por combatir al capital siendo parte
constitutiva del mismo y sostén de cada una de sus instituciones. El tema es,
¿Qué se hace con todo esto? ¿Se llega, se escala y se acabó?, o, ¿Se entra para
desarmar desde adentro la institución? ¿Se lubrica el poder de la Nueva Clase?,
o, ¿Se lo atasca todo lo que se pueda? ¿Se reproduce la relación mercantil sin
más?, ¿O se lucha para emanciparse de ella? ¿Se “abre” el capital, se lo
despoja de la fuerza viva del trabajo?, ¿O se deja subsumir por él? ¿Se vive en
la sociedad del espectáculo?, ¿O se destroza el escenario, los bastidores y sus
cimientos, todo lo que se pueda a cada paso? ¿Se actúa como militante de lo
partidario?, o, ¿Cómo militantes biopolíticos, militantes por la emancipación
de la vida, apresada por el mercado del conocimiento académico?
0.2_ Economía+Política = General intellect+Asamblea:
“Es
el esquema mismo del intercambio entre salario y beneficio y, por lo tanto, de
la explotación lo que entra en juego en estos fenómenos. La productividad
deviene, cada vez más, acumulación de elementos creativos de valor, esparcidos
y puestos en circulación, que luego el capital hace suyos. Quienes están
sujetos al trabajo son los que cooperan y, por lo tanto, producen esa
cooperación; y es el capital el que capta la producción. Todo sujeto lleva
dentro de esta actividad un patrimonio de conocimientos que le compete -su
propio cerebro, como capital fijo- y de este modo lo pone en circulación.
Probablemente la explotación puede definirse esencialmente hoy, desde un óptica
teórica, como apropiación capitalista de la fuerza cooperativa que las
singularidades del trabajo cognitivo realizan en el proceso social. Ya no es el
capital el que organiza el trabajo, sino que el trabajo se organiza por sí
mismo; y el capital le arrebata su potencia subjetiva”.
Antonio Negri, GOODBYE MR. SOCIALISM, La
crisis de la izquierda y los nuevos movimientos revolucionarios, 2007.
Los docentes, bajo las instituciones educativas, son
verdaderos reproductores de la división de clases, el prestigismo pequeño
burgués, el asalariamiento humano y la sociedad del lucro privado. Soñadores de
un
estado ideal, pero eso sí, conducido por una burocracia civil elegida
por concurso. Un estado meritocrático que garantice el ascenso social de la
clase media asalariada. Un credencialismo que dejará,
por siempre, afuera a la mayoría de la multitud que paga la educación estatal
como plusvalía educativa, para que termine siendo reapropiada por los expertos
de la NC concursados.
El
modelo educativo “Nacional y Popular”, radical
y peronista, progresista y centroizquierdista, es un sistema formativo preparado para reproducir la
sociedad mercantil. Su defensa, es un residuo modernista, donde la vieja clase
media asalariada, heredera del campesinado y la clase obrera migrante e
inmigrante, buscaba su ascenso de clase, nunca jamás la muerte de la sociedad
clasista, de la cual, ella era su producto. Aspirando a ser futuros patrones,
docentes, gerentes, profesionales al servicio de la sociedad mercantil,
burócratas con título, élite de la inteligencia, catégories dirigeantes y classe política. Huyendo sabiamente del bestial trabajo manual, que padecieron sus
padres y abuelos, apetecían el trabajo intelectual, a costa, de perpetuar en el
castigo del trabajo manual a aquellos que nunca podrán subirse al tren del
progreso de la mano de la carrera universitaria. Un viaje pagado por los
boletos del conjunto del proletariado, para que los hijos de la clase media, se
eduquen para después mandarlos, exprimirlos, y eternizar la división social en clases antagónicas.
En la modernidad, el sistema educativo, proveía la
garantía del crédito académico, y la base material para la reproducción de los
educandos universitarios como classe ilustrada. Toda una forma de mantener la comunidad
organizada en la modernidad keynesiana, separando a las masas incultas de
las élites cultas, diferenciando la baja cultura popular de la alta cultura
académica. Lo patético, es que en plena posmodernidad postfordista, en el
pasaje tendencial de las masas a la multitud, del trabajo intelectual a la general intelligence, de la subsunción
formal del trabajo en el capital, a la subordinación real de la sociedad
inteligente en el capital; la propia izquierda, toma partido por el viejo
sistema, lo hace propio, y defiende la educación pública capitalista. Da lo
mismo, en este caso, si es estatal o privada. ¿Y por el lado del campo de las
prácticas, símbolos e imaginarios de la autonomía?, esta,
¿No tiene nada más para ofrecer que sostener defensivamente este sistema
educativo decrépito?
Con la educación formal, pasa lo mismo, que con el
sindicalismo. Aún sus prácticas más radicales no superan la dimensión gremial y
reproductivista del sistema capitalista. Ahí, no hay ningún proyecto
anticapitalista disponible, la imaginación está amputada, y la agenda política
de los problemas, queda reducida, a una eterna resistencia.
La
educación formal no iguala, sino que perpetúa, la antinatural desigualdad social
de origen entre el capital y el trabajo. Entre la clase de los patrones y la clase de los trabajadores.
Antagonía, que arrastrará hasta el final de sus días el capitalismo. La
desigualdad es inherente a la sociedad de la mercancía y la educación oficial,
no la combate, sino que la certifica. Como el mercado no termina con la pobreza
sino que la crea. Estos docentes de la educación, sea estatal o privada, son el
reaseguro de las creencias burguesas del progreso social, en base, a la
educación formal. Por cierto, pensar-hacer lo contrario, sería cuestionar su
propia condición-función de clase dentro de la Matrix. Reeducarse, subvertir las creencias que él, o ella misma,
tiene de sí mismo, y le hace ser-hacer quien es. En fin, para hacer la
revolución social no hay más remedio que educar al educador. Además, en la era
posmoderna, el ascenso social por intermedio de la educación oficial es un
verdadero dogma de fe, por el que no da dos peniques, la propia burguesía; y
por el que tiene un cínico desprecio, la propia multitud.
Por lo tanto, por más espacios que brinde el sistema
educativo para ser combatido desde su interior, -territorios de disputa
conquistados por la lucha antisistémica que por cierto hay que aprovechar-, y al margen de que existan educadores
revolucionarios, la corrupta, la inservible, la irreversible, es la institución
educativa, como todas y cada una de las instituciones del capital.
Más allá
de los marginales docentes antikapitalistas que absorbe el sistema, y que en realidad, le garantiza al capital y
a la Nueva Clase un más sólido dominio desde la cooptación democrática; la
mayoría de los educadores son la policía de la conciencia
hegemónica,
y por consiguiente, sentido común capitalista. No es un problema de buenos o malos varones y
mujeres, sino de instituciones avalistas del genocidio en dictadura y en
democracia. Formas del poder instituido que funciona de manera autónoma,
abstracta, y más allá de la buena voluntad de cada persona.
Desde
luego, que siempre hay algún cattivo maestro que trabaja en las
orillas de la academia. Pero, ¿No
resulta sintomático que cuatro de los mayores revolucionarios de la modernidad:
Spinoza, Marx, Lenin y el Che, nunca tuvieron una cátedra? Y, en cambio, los
que sí fueron cobijados por la academia fueran Hegel, Kant, Weber y Althusser.
En la
posmodernidad, más aún que en la modernidad, si buscamos los conocimientos, el
saber, la verdad, busquémoslos fuera de la academia regenteada por toda la NCC.
Y mientras se milita en la
universidad, pero contra la universidad, sepamos,
que sin organización autónoma, sin método asambleario, sin demandas
anticapitalistas, nunca habrá un más allá de la academia. En cambio, lo que
queda en su lugar, es la mera simulación de la autonomía universitaria.
No se puede socavar al enemigo con
sus mismas reglas y persiguiendo sus mismos fines. Nada
cambia, siendo los autónomos en lugar de los heterónomos. El poder del capital es una relación social
que hay que destruir. No se lo puede domesticar, educar, ni dispersar. Hay que
demolerlo. Y para eso, la clase de la multitud, que estudia y trabaja, precisa
de sus propios procedimientos autodeterminados, antijerárquicos, plebeyos,
insurreccionales. Hábitos que vayan prefigurando su organización políticamente
anticapitalista adentro de la propia universidad. Prácticas que cimienta el
futuro Auto-Nomos, o el darse las
leyes propias de la multitud.
Y decir anticapitalismo en la
universidad, es antagonizar con la Nueva Clase Cultural. No
hay academia sin Nueva Clase, como no hay capital sin mercado, globalización
sin imperio, estado sin plusvalía, ganancia sin trabajo, dinero sin mercancía,
ni bancos sin moneda.
Atacar a fondo, radicalmente,
cualquiera de los componentes sociales de la relación binaria mercantil, por
ende antagónica y no dialectizable, es destruir al
otro componente. No hay patrones
sin representantes, como no hay empresarios sin asalariados. Por eso, la
consigna, “¡Qué Se Vayan Todos, que no
quede ni uno solo!” era potencialmente revolucionaria. Ya que concentraba en
la clase política, todo la crítica a la economía política mercantil. Sin ellos,
los que se quedaron, no hay reproducción del Capital-Parlamentarismo ¿O todavía
nos queda alguna duda? Sin política no hay economía. Y porque se quedaron todos
prosiguió el sistema capitalista y la academia como una de sus instituciones.
No hay perdurabilidad del estado del capital donde se perpetúa el asambleísmo
anticapitalista; o lo que es igual, donde se restituye la relación social
mercantil comandada por el estado, no hay posibilidad de expandir las asambleas
comunistas. El “¡QSVT!”, fue la expresión sintética de
un crisis orgánica, y donde hay dualidad de poder, uno de los dos se tiene que
terminar imponiendo al otro. Sea por el consenso o la violencia, o ambos. Nunca
existen dos poderes constituyentes. O vence el poder constituido del capital
puesto en jaque, o triunfa el poder constituyente del trabajo que lo desafió y
le hizo jaque mate.
El
desprecio a la Nueva Clase política, al gerente manipulador, el patrón explotador,
no está sólo afuera de la academia, sino también adentro. La educación formal y
todos sus generales, coroneles y cadetes, es parte del problema, y nunca jamás
su solución. No dejar piedra sobre piedra de la sociedad capitalista, es
también echar abajo, a la academia.
La educación “Pública”, es la
coartada estatalista para impedir la formación de las asambleas comunales del
conocimiento. Y de lo que se trata, es de recrear
espacios comunes de saber, donde cada singularidad de la multitud sea dueña de
lo que crea.
El conocimiento es productivo. Tal
vez como nunca bajo el postfordismo. Y el conocimiento se vertebra a través del
lenguaje, una de las prácticas más comunes de la especie. Hoy, decir saber, es
decir libre y común. Ser productivos es ser libres comúnmente. Y para gozar
plenamente de esa libertad, hay que superar todos los obstáculos que se
interponen a la apropiación de ese conocimiento productivo que crea la
multitud. Expropiar a los apropiadores del saber ajeno. A los que viven de la
innovación como plusvalía del conocimiento del cognitariado. A los que parasitan los cerebros
de la multitud como capital fixe, pagados por los salarios de la academia, como capital circulante. Liberar los
cerebros es emanciparse del capital, y para eso, no puede existir ninguna
academia. Lo común es productivo, lo común es político, lo común es la vida
puesta a trabajar comúnmente, o sea, biopolíticamente; una subjetividad
virtuosa que termina objetivada por el biopoder mercantil. Lo común es el general intellect, lo común es la
libertad.
Tomenos
lo común, hagámonos de lo común, del trabajo cognitivo, comunicativo, afectivo,
artístico y virtuoso, del que se apropia el Capital-Académico para seguir con
vida.
Cerebros
en asamblea, capital fijo sin capital circulante, conocimiento sin jerarquías,
conocimiento sin patrón, conocimiento singular en común, desde el común y para
el común. Esto es democracia en el sentido fuerte del término. Demos-Kratos,
Poder del pueblo. Un conocimiento multitudinario, poderoso, singular y común,
autogobernado y autogobernable. L’Ordine Nuovo, un nuevo orden en libertad. Multi-Kratos, El Gobierno de
la Multitud.
Una
libertad productiva y la producción en libertad. Producción y libertad. Una, la
producción creativa, el trabajo antimercantil, las capacidades cognitivas, ¡La
gran categoría económica!; la otra, la libertad constituyente que antagoniza
con la servidumbre constituida, la libertad asamblearia, la emancipación de la
libertad, ¡La gran categoría política!
Economía+política
= general intellect+asamblea =
cerebros como capital fijo+gobierno sin capital circulante. Un sujeto social de
la multitud colmado de conocimiento y libre, un sujeto
económico comúnmente político. El anticapitalismo en gestación.
19 de Octubre de
2007
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